sábado, 6 de enero de 2018

TORMENTAS DE INVIERNO

Si pensábamos que eso de los ciclones y los huracanes eran exclusivos del Caribe y el sur de EEUU, ahora no hay semana que no lleguen a Europa las tormentas atlánticas que, con sus nombres de pila debidamente asignados por orden alfabético, asolan las costas. En menos de un mes, las borrascas Ana, Bruno, Carmen, y ahora Eleanor (saltándose la letra D, por cierto) han dejado intensas lluvias, vientos por encima de los 100 km/h y cotas de nieve por debajo de los 1.000 metros. Y nótese cómo, salvo la tormenta que empieza por la letra B, de nuevo se utilizan mayoritariamente nombres de mujer para referirse a las tormentas más devastadoras, en un giro que, de forma subconsciente, asocia con al género femenino los males de estas perturbaciones meteorológicas.
"Las temperaturas anormalmente altas en la zona de Groenlandia parecen ser el origen de estas tormentas sucesivas y también el aumento de la temperatura del océano y la modificación la “corriente en chorro” procedente del Ártico contribuyen a la creación de estas perturbaciones"
Estos fenómenos atmosféricos, que reciben la denominación técnica de “ciclogénesis explosiva” o “bombogénesis” se caracterizan por la formación de borrascas intensas en muy poco tiempo, verificándose una bajada de presión atmosférica de entre 18 y 20 milibares en 24 horas, que generan lluvias torrenciales, intensas nevadas y vientos que alcanzan los 150 km/h. Y, de nuevo, los expertos achacan al cambio climático el aumento en la frecuencia de estos episodios. Las temperaturas anormalmente altas en la zona de Groenlandia parecen ser el origen de estas tormentas sucesivas. Así, la costa sureste de Groenlandia tuvo una media de temperatura en verano de 8,2 grados centígrados, la más alta desde que se empezaron a realizar mediciones en 1895 y 2,3 grados por encima de la media que se registró entre 1981 y 2010. También el aumento de la temperatura del océano y la modificación la “corriente en chorro” procedente del Ártico contribuyen a la creación de estas perturbaciones.
A pesar de que los medios de comunicación nos informan de estas borrascas como si fueran algo aislado y sin relación unas con otras, parece que estamos abocados a que se repitan de forma cada vez más frecuente estas tormentas atlánticas, causando no sólo víctimas mortales, sino cuantiosas pérdidas materiales, debidas a caídas de árboles y postes eléctricos, inundaciones en calles y viviendas o cancelaciones de vuelos.
Estas tormentas coinciden con las últimas declaraciones por Twitter del sociópata a quien los norteamericanos eligieron como presidente. Trump, usando la red social convertida en oficina de prensa presidencial, ironizó afirmando que a EEUU “le vendría bien un poco de cambio climático” para hacer frente a la ola de frío polar que atraviesa su país, restándole importancia a este fenómeno que tiene cada vez más protagonismo en el día a día de la ciudadanía, al tiempo que demuestra su ignorancia al confundir clima, es decir, el conjunto de condiciones atmosféricas propias de una región, medidas en un lapso prolongado de tiempo, de hasta 30 años, con el tiempo atmosférico, que describe esas condiciones en un momento determinado, de unos pocos días a lo sumo.
Estos días confrontamos dos situaciones contrapuestas, una representada por la repetición de borrascas profundas que afectan a las costas europeas, agravadas por el cambio climático, como confirman los expertos, y otra con la negación insistente por parte del presidente Trump del cambio climático tangible y real, actitud irresponsable que puede hacer que paguemos cara la inacción de los países occidentales. La aparente contradicción entre las bajas temperaturas que sufren Europa y EEUU con el calentamiento global no es tal. La verificada fusión de los hielos polares modifica las corrientes marinas, desviando las aguas frías del norte hacia las costas atlánticas, tanto americanas como europeas, mientras que la modificación del llamado “vortex polar”, esa “corriente en chorro” antes citada, que circula por las capas altas de la atmósfera, trae sobre las latitudes templadas olas de frío acompañadas de tormentas de gran intensidad como las que se están produciendo.
Las sucesivas “bombogénesis” de las últimas semanas se suman a las sequías, incendios, olas de calor y otras manifestaciones ambientales que nos trae el fenómeno del cambio climático, que no aparece en los resúmenes del año que termina, a pesar de que la temperatura media del planeta ha seguido la estela de los dos años anteriores.
Artículo aparecido hoy en La Crónica del Pajarito:

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